15 de setembre del 2010

Jamás me he sentido más limpia


Rafael y María Teresa son ahora fugitivos. Viven en una cueva. Atrás han quedado los maravillosos días de sol, de poesía, de pintura, de bares en el puerto, de nuevas amistades. La sublevación militar ha sido rápida en Ibiza. Són días de rumores, de miedos, de no saber qué hacer. Mirar el mar y escuchar la radio.
Cerca del refugio hay una casa. Su arquitectura, hija del paisaje, funcional sin saberlo, sobria por necesidad, es el sueño de la moderna arquitectura. En la casa conviven una madre y su hija.
Siempre hace calor, la espera se hace cada vez más larga, la incertidumbre pesa cada vez más en el ánimo, y María Teresa se pregunta si aquellas dos mujeres aceptarían que ella se diera un baño en la alberca de su casa.
"En una de esas habitaciones de cal pura entré aquella mañana. Dos payesas ibicencas me recibieron. En el centro de la habitación ya estaba colocado un barreño vidriado que hoy seria mi sueño tener. Al lado humeaban cubos de agua hirviente. Me miraro y, luego, me besaron. Las mujeres comenzaron a desnudarme como si yo fuese la hija que retorna. Flotaban en el agua del barreño hojitas de menta. Al concluir de refregarme con áspero jabón casero, la muchacha me entregó ropa blanca de la suya para cubrirme y en pocos minutos era yo también una payesa con el pelo demasiado rubio. La falda era de percal gris, la blusa blanca, el delantal negro, el chal de colores. Jamás me he sentido más limpia".

VALERO, Vicente, "María Teresa León" a Viajeros contemporáneos. Ibiza, siglo XX, Pre-textos, 2004

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